¿En qué momento dejamos de ser estudiantes? Es una pregunta que me hago con frecuencia. Y curiosamente no nació en una universidad, ni en un salón de clases. Nació durante nuestras visitas a las exposiciones de la industria del plástico.
Nuestra historia en Plastimagen
Nuestra historia en estos eventos no comenzó cuando nos convertimos en expositores. Comenzó muchos años antes. Recuerdo que cuando era más joven acompañaba a mi padre a Plastimagen, una de las exposiciones más importantes de nuestra industria en México. Durante los cuatro días que dura el evento recorríamos los pasillos una y otra vez. Nos gustaba observar las máquinas, descubrir nuevos materiales, conocer tecnologías y ver cómo evolucionaba la industria. Disfrutábamos tanto la experiencia que en ocasiones recorríamos la exposición completa más de una vez.
Sin embargo, además de aprender sobre plásticos, también observábamos el comportamiento de las personas. Con el tiempo comencé a notar algo que probablemente ocurre en muchas industrias. Algunos visitantes recibían más atención que otros. No era algo que se dijera abiertamente. Simplemente sucedía. Bastaba con observar cómo algunas personas miraban discretamente los gafetes de quienes se acercaban a un stand. El nombre de la empresa, el puesto, la forma de vestir o incluso la manera de presentarse parecían influir en la atención que recibían.
Lo entiendo. Las empresas participan en exposiciones para generar negocios, fortalecer relaciones comerciales y encontrar nuevos clientes. Existe presión por obtener resultados y aprovechar el tiempo.
La frase que se quedó grabada
Pero un día mi padre dijo algo que se quedó grabado en nuestra familia. Estábamos mi mamá, mis hermanos y yo cuando nos dijo:
—El día que nosotros expongamos aquí, no vamos a discriminar a nadie.
Aquella frase parecía sencilla, pero con los años entendí su profundidad. Y dentro de ese "nadie" también estaban incluidos los estudiantes.
Lo que escuchamos siendo expositores
Cuando comenzamos a participar como expositores escuchamos comentarios que seguramente son familiares para muchas personas de la industria. Que los estudiantes quitan tiempo. Que solamente toman folletos. Que se llevan las plumas. Que no representan oportunidades de negocio. Que no son clientes potenciales.
Sin embargo, nuestra experiencia nos ha enseñado algo diferente. Nosotros decidimos atenderlos igual que a cualquier otra persona. Escuchar sus preguntas. Explicarles nuestros productos. Hablarles sobre la industria. Compartir experiencias. Y sobre todo, tratarlos con respeto.
Lo que sucedió después
Con el paso de los años comenzaron a suceder cosas interesantes. Después de algunas exposiciones recibimos comentarios inesperados:
El largo plazo también se construye en un stand
- "Mi sobrina visitó su stand y me comentó que la atendieron muy bien."
- "Un estudiante me habló de ustedes."
- "Conocí sus productos por una persona que los visitó durante la exposición."
En algunos casos, esos estudiantes terminaron trabajando en empresas de la industria. En otros, se convirtieron en emprendedores. Algunos llegaron a posiciones de decisión. Y otros simplemente recomendaron nuestra empresa a familiares, amigos o compañeros de trabajo.
Aquello nos recordó una lección muy importante. Nunca debemos subestimar el potencial de una persona. No sabemos quién está frente a nosotros. No sabemos cuál será su camino dentro de cinco, diez o veinte años. Y, sinceramente, tampoco deberíamos necesitar saberlo para tratarla con respeto.
Porque el respeto no debería depender del tamaño de una empresa, del puesto que alguien ocupa o de su capacidad de compra. Debería depender de nuestros principios.
¿En qué momento dejamos de serlo?
Pero los estudiantes también nos enseñaron algo más. Muchas veces escuchamos la frase: "Es que son estudiantes." Y cada vez que la escucho me hago la misma pregunta: ¿En qué momento dejamos de serlo?
Yo tengo el título de Ingeniero Químico. No tengo maestría. No tengo doctorado. Pero jamás he considerado que ya terminé de aprender. Al contrario. Me considero un estudiante permanente.
Seguir aprendiendo también es una postura profesional
La industria cambia constantemente. Aparecen nuevos materiales. Surgen nuevas tecnologías. Se desarrollan mejores procesos. Y cada día descubrimos nuevas formas de hacer las cosas. Quien deja de aprender comienza a quedarse atrás.
Por eso, más que ver a los estudiantes como personas que todavía están aprendiendo, prefiero verlos como un recordatorio de algo que todos deberíamos conservar: la curiosidad. La curiosidad por preguntar. La curiosidad por escuchar. La curiosidad por aprender.
Quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas que hemos recibido siendo expositores. Recordar que todos seguimos siendo estudiantes de algo.
Una invitación abierta
Así que, si eres estudiante o docente vinculado con la industria del plástico y nos encuentras en alguna exposición, no dudes en acercarte. Nos dará mucho gusto saludarte, escuchar tus ideas, conocer tus proyectos y, en la medida de nuestras posibilidades, ayudarte.
Creemos que las mejores conversaciones no siempre ocurren entre expertos y clientes. Muchas veces surgen entre personas con curiosidad, ganas de aprender y pasión por esta industria.
Si quieres ubicarnos con más facilidad en la próxima edición, también puedes revisar nuestra landing de Plastimagen CDMX o leer el post donde explicamos por qué seguimos participando como expositores.
Estaremos complacidos de atenderte. Y si en algún momento consideras que podemos mejorar, también nos encantará escucharte. Después de todo, nosotros seguimos siendo estudiantes todos los días.
¡Hasta la próxima publicación!